AMALFI, TIERRA DEL TIGRE Y LA BICICLETA (AMALFI – LA ANTENA).

Category: Experiencias Comments: One Comment Post Date: octubre 21, 2017

POR: Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

AMALFI: TIERRA DEL TIGRE Y LA BICICLETA

¡Héctor, Héctor! Gritaba sin disimulo Julián Martínez que a su vez lanzaba rocas que golpeaban mi ventana, tratando de despertarme de un profundo sueño. 

Nos van a dejar, los parceros de Sector 9 Medellín, ya nos están esperando en la glorieta de San Diego.

Rápidamente entré al baño para bañarme, me puse el uniforme y tomé mi tula con el resto de mis accesorios. Salí en mi bicicleta y pocas cuadras más adelante me encontré con el resto de mis amigos que ya estaban listos para lo que sería una extrema aventura en dos ruedas en el municipio de Amalfi. 

Amalfi está ubicado en la Cordillera Central de los Andes. Al norte limita con los municipios de Anorí; al este con Segovia, Remedios y Vegachí; al sur con Vegachí, Yalí, Yolombó, Gómez Plata  y al oeste con Carolina y Anorí. 

De nuestro transporte se encargó “el flaco”, que en su micro bus escolar dotado de parrillas en la parte superior y atrás con un portador de bicicletas, realizamos nuestro viaje. Él, además de ser gran compañero, es la mejor compañía cuando todos duermen en los largos caminos, pues el recorrido desde San Diego hasta el municipio de Amalfi, dura alrededor de 3 horas y 30 minutos, si no son las 4 horas completas. 

Dormir fue una de las actividades favoritas por mis compañeros en medio del viaje. No obstante, una parada por un crocante pastel de pollo y los verdes y vivos paisajes que se esconden en medio de las altas montañas colombianas, no pasaron desapercibidos: nos topamos con pequeños nacimientos de agua que brotan de la base de una montaña rocosa y una refrescante cascada que cubre con un arcoíris la gruta en la que está expuesta la Virgen María en la que por obligación, debimos parar por las altas temperaturas del lugar. Conocerla de cerca, disfrutar de su agua, su sonido y su mágica vista, no hicieron más que dar un aire más a nuestro desespero por llegar a La Tierra del Tigre. 

Al llegar a Amalfi bajamos nuestras bicicletas de la micro van, nos pusimos la protección requerida y esperamos junto a la Iglesia central mientras daban la señal para arrancar. Y aunque el hambre era nuestra mayor enemiga en ese momento,  el almuerzo podía esperar, pero las pocas horas de luz que nos quedaban eran vitales para disfrutar el downhill.  


Como dicen por ahí, el que espera se desespera y por eso, poco antes de nuestra llegada, todo estaba coordinado con un camión que nos llevó desde la Iglesia del pueblo hacia la pista que nos esperaba: La Antena. Con un recorrido aproximado de 30 minutos, algunos subimos en la parte trasera del vehículo mientras otros, sin ninguna réplica, amarraron un par de sogas para subir arrastrados en sus bicicletas. 

Estar en La Antena es sentir la libertad de ser el más alto, poder observar con claridad todo el pueblo de Amalfi, sus caseríos más cercanos y en otras ocasiones, sentirse parte de las nubes. 

La brisa húmeda y potente refrescó los rostros de quienes se encontraban a pocos minutos de partir, un descenso a la altura del downhill ¡Agreste! La niebla densa descansaba sobre la pista volviéndola un poco más extrema, a mi parecer. 

La Antena es una pista bien construida, la línea por la cual bajamos raudos en las dos ruedas tiene grandes zanjas, puesto que por allí corre el agua cuando llueve. Es por eso que la destreza de los corredores se puede apreciar de principio a fin. 

Caminos de piedras que reducen su tamaño drásticamente en pocos segundos, curvas que parecen serpientes y grandes peraltes, proporcionan el apoyo necesario para que el descenso sea fluido y a una buena velocidad. Adicional, grandes repechos ponen a prueba el estado físico de los riders. No es por menos que esta pista es catalogada como una de las más exigentes y técnicas de Antioquia, pues no sólo es la destreza del corredor, sino también la resistencia del mismo en medio de las montañas de nuestro país. 

Pocos metros antes de finalizar esta pista, un magnifico transfer transportaba a los riders en el otro extremo de la carretera que finalizaba con un doble morro en forma de meseta.

Exhaustos por los repetidos descensos, hambrientos y con las bicis completamente llenas de fango, tomé, junto a mis compañeros de Sector 9 Medellín, un refrescante baño en una piscina natural que nos regaló el rio Riachón. Aprovechamos la tranquilidad del lugar para cocinar arepa con mantequilla y sal, acompañada de carne de res y butifarra, alimento que realizamos utilizando un fogón de campar. 

Se acercaba la noche y todo el grupo estaba listo para acampar, armar las carpas y montar la cena. Fueron momentos muy gratos puesto que todos reíamos de las historias que platicábamos. Freír carne y ajustar las bicicletas, convirtió esa fría noche uno momento que todo rider desearía vivir ¿Qué más podía pedirle a la vida, si tenía mis amigos, mi bicicleta, cerveza y comida?.

Una fogata en leña para combatir la humedad de la oscuridad y unas birras junto a esta hoguera,  dieron final a una experiencia mágica que gracias a mis compañeros de Sector 9 Medellín,  pudimos experimentar y disfrutar al máximo. 

Un saludo a mis compañeros que en medio de esta aventura extrema,  sufrieron algún tipo de percance o lesión ¡Mucho ánimo! porque espero verlos pronto en las pistas

Saludos.  

Rider : Felipe Castañeda.

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Comment (1)

  • Sara Carrascal Ochoa

    Bacanísimo. Da ganas de ir

    octubre 21, 2017 at 11:04 am

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