Author - Sergio Figueroa

ADRENALINA EN EL PELÓN (CERRO DE LAS TRES CRUCES)

 

Por : Héctor Andrés Carrascal Ochoa

Es viernes y estos días me hacen sentir muy contento, no sólo porque es el final de la semana y culminamos las actividades universitarias, sino también porque mis amigos y yo tenemos todo listo para ascender El Cerro del Pelón, más conocido como Cerro de las Tres Cruces Medellín.

Este cerro está ubicado en el corregimiento de Altavista y limita al norte con el corregimiento de San Cristóbal y el área urbana de Medellín, al occidente con el corregimiento de San Antonio de Prado, al sur con el municipio de Itagüí y al oriente con la zona urbana de Medellín. En la parte más baja del cerro, la altura es de 1.600 metros sobre el nivel del mar y en lo más alto de 1.935 metros aproximadamente.

Estar en el Cerro de Las Tres Cruces es sentir la naturaleza pura; los pastos altos y por supuesto las diferentes especies de árboles que, según la administración del cerro, son pinos y arbustos conocidos como Cañafístula, Aguacatillo y Guayacán de Manizales, se convierten en la compañía perfecta al descender por el Pelón.

Sentados en medio del parque de Malibú, Julián, Daniel, Juan José, y yo esperamos pacientemente a Sebastián, un vecino del barrio que normalmente es quien presta la camioneta para transportar nuestras bicicletas con mayor facilidad. Cuando finalmente llegó, nos pitó para que nos acercáramos y corriéramos a montar las bicis rápidamente en la parte trasera y con esa misma rapidez,  subimos al vehículo para aprovechar las pocas horas de luz que ese viernes nos regalaba.

Tomamos una de las 4 rutas que la ciudad ofrece para subir Tres Cruces por el barrio Belén Rincón, ruta que nos toma normalmente unos 15 minutos en carro. Durante el transcurso del trayecto hacia la cima del cerro,  nos encontramos con animales poco comunes en Medellín; vimos llamas que son animales mamíferos domésticos, abundantes de los altiplanos del Perú, Bolivia y Argentina. Sinceramente, jamás pensé encontrarme una llama en Belén Altavista y sentirme en Perú.

Llegamos a la cima y lo que vemos es estupendo, 360 grados de la ciudad de Medellín, vista perfecta del aeropuerto Olaya Herrera y de los edificios del Poblado.  Ver arrancar aviones y buscar nuestras casas desde lo más alto y lejos, fue uno de los momentos más gratificantes de la visita. Un paisaje inigualable que vale la pena ir a verlo unas mil veces más (de mis favoritos).

En el cerro también es común ver algunas personas haciendo ejercicio como barras, pesas y lazos, aprovechando las improvisadas instalaciones deportivas creadas por la misma comunidad que el Cerro de las Tres cruces ofrece.

Estábamos junto a unas bancas de madera que están en medio de una pequeña caseta, la cual era atendida en esa oportunidad por un señor de anteojos y pelo blanco al que acompañaba su hija.  Allí podíamos encontrar jugos, proteínas, frutos, entre otros. Fue aquí donde decidimos tomar un jugo de naranja mientras disfrutábamos la ciudad para disponernos a bajar en bicicleta por el recorrido correspondiente, pues unas personas prefieren hacerlo en moto y otros caminando.

En línea recta comenzamos el descenso, Juan José quien conoce la pista mucho mejor que los demás, toma la cabecera y yo decido ir de segundo.

Gran inclinación, rápidas curvas, escaleras construidas para que las personas suban pero que hoy se convirtieron en obstáculos para el disfrute de los amantes a las dos ruedas (riders) y raíces de arboles que van apareciendo de un momento a otro, hacen que esta pista sea muy técnica y rápida y por supuesto, que la adrenalina y la euforia se puedan sentir en todo el cuerpo cuando descendemos en bicicleta.

Al terminar de bajar el sol se ha ocultado y nos acompaña la luna mientras llegábamos a un colegio de la ciudad llamado Padre Manyanet. Luego, en el mismo orden que empezamos el descenso, buscamos la salida para iniciar nuestro trayecto hacia el parque de Malibú finalizando nuestro viernes en dos ruedas.

Rider :  Felipe Castañeda.

 

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DESPERTANDO EN DOS RUEDAS (EL RETIRO – LA CARBONERA)

Por: Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

Una llamada a las 5:30 de la mañana del domingo funcionó como despertador para dar inicio a un viaje muy especial, se trataba de Felipe Castañeda, un amigo rider que me invitó a conocer un nuevo lugar, en este caso una pista de Downhill.

Partimos rumbo al municipio de El Retiro y conocimos la pista de La Carbonera.

El Retiro es un municipio de Colombia que se encuentra aproximadamente a 1 hora y 30 minutos desde la ciudad de Medellín. Limita por el norte con los municipios de Envigado y Rionegro, por el este con los municipios de Rionegro y La Ceja, por el sur con La Ceja y Montebello y por el oeste con los municipios de Santa Bárbara, Caldas y Envigado.

De nuestro transporte se encargaría Rosco, un compañero que disfruta de las bicicletas al igual que nosotros pero que tristemente, con los radios de la Specialized Status (su bicicleta), un par de días atrás se quebró un dedo. Sin embargo, mientras se recupera pasa su tiempo transportándonos hasta que pueda recobrar la movilidad en el pulgar de la mano derecha.

Fue entonces cuando a las 6:00 de la mañana, Rosco, Felipe y Ramón pasaron por mí para iniciar nuestra travesía. Crucé la puerta de entrada de mi casa y vi que se trataba de una micro van del año 96 aproximadamente que solo tenía dos compuertas laterales y una trasera, una parrilla de color negro en el techo y en su interior no más que las sillas del conductor y del acompañante. Así mismo, en la parte trasera una especie de volco  interior como si hubiesen removido toda la coginería, lugar en donde horas más tarde pondríamos nuestras bicicletas para volver a subir la cima de la montaña; pero en ese preciso momento,  funcionó como mi cama.

Tomamos la vía Las Palmas que nos tomó hora y media hasta el Parque de El Retiro y un poco más de tiempo para llegar, finalmente, a la pista La Carbonera.

Esta pista está ubicada en la Vereda El Pantanillo y una de las características principales es el fácil acceso a través de la autopista que conduce al interior de una finca. ¡Sí, dentro de la finca es donde se encuentra La Carbonera!

Gracias a su cómoda entrada podemos disfrutar de varios descensos cada vez que la visitamos y como es propiedad privada, el paso vehicular es restringido. Sin embargo, es en este punto donde nos preparamos para subir con nuestras bicicletas unos 5 minutos, hasta llegar a lo que normalmente se convierte en el paraíso. Una rápida e intensa pista adecuada para practicar Downhill.

Imaginen estar en la cima de una montaña, rodeados de pinos y árboles e iniciar un camino no muy amplio de barro café oscuro que nos transportó a una plataforma de madera que sirve de impulso para saltar el cerco de alambre de púas que separa el comienzo de la pista con el siguiente tramo y  por fin dar inicio a un magnifico descenso.

El color de la pista cambia a café más claro, lo que significa que la tierra se vuelve más suelta. Los pinos y árboles dejan ver todas sus raíces en medio del camino que nos obliga a mantener una buena técnica y agarrar muy fuerte el manubrio.

Una primera rampla de madera nos proporcionó el impulso suficiente para tomar las primeras curvas, bien pegados al peralte o a la pared,  como prefieran llamarlo, nos transportó a una segunda rampla del mismo material de la primera que cumple la función de lanzarnos de pared a pared lo cual genera mucha velocidad y nos lleva a un drop, es decir, a una especie de meseta fácil de saltar creadas para generar mayor velocidad  y poder pasar  por encima de un divertido doble morro que es construido a base de madera, tierra en costales y agua.

El descenso de esta pista se basa en curvas y adrenalina ya que la inclinación nos permite bajar a grandes velocidades.

En esta oportunidad me encontré con un grupo de riders que buscaban mejorar el tiempo que se había establecido como el más rápido en esta pista. -Algo importante que debes saber es que si quieres ser el más rápido en descender por La Carbonera debes bajar en menos de 2 minutos 15 segundos-.

Al finalizar la pista encontramos una pequeña quebrada conectada con un angosto camino en cemento y es aquí donde volvemos a ver a Rosco con la micro van.

Abrí las puertas laterales de la van y subí mi bicicleta en la parte trasera donde solían estar las sillas. Felipe y Ramón amarraron, con un par de lazos, el manubrio de sus bicicletas y luego lo ataron a una parte de la van, generando así un remolque para volver a subir a la cima y tirarnos por segunda vez.

Luego de 8 veces de repetir esta grandiosa pista, el hambre nos atacó,por lo que decidimos ir al pueblo donde almorzamos  carne de res y frijoles, culminando de esta forma una aventura en dos ruedas.

Rider : Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

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