Experiencias

AMALFI, TIERRA DEL TIGRE Y LA BICICLETA (AMALFI – LA ANTENA).

POR: Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

AMALFI: TIERRA DEL TIGRE Y LA BICICLETA

¡Héctor, Héctor! Gritaba sin disimulo Julián Martínez que a su vez lanzaba rocas que golpeaban mi ventana, tratando de despertarme de un profundo sueño. 

Nos van a dejar, los parceros de Sector 9 Medellín, ya nos están esperando en la glorieta de San Diego.

Rápidamente entré al baño para bañarme, me puse el uniforme y tomé mi tula con el resto de mis accesorios. Salí en mi bicicleta y pocas cuadras más adelante me encontré con el resto de mis amigos que ya estaban listos para lo que sería una extrema aventura en dos ruedas en el municipio de Amalfi. 

Amalfi está ubicado en la Cordillera Central de los Andes. Al norte limita con los municipios de Anorí; al este con Segovia, Remedios y Vegachí; al sur con Vegachí, Yalí, Yolombó, Gómez Plata  y al oeste con Carolina y Anorí. 

De nuestro transporte se encargó “el flaco”, que en su micro bus escolar dotado de parrillas en la parte superior y atrás con un portador de bicicletas, realizamos nuestro viaje. Él, además de ser gran compañero, es la mejor compañía cuando todos duermen en los largos caminos, pues el recorrido desde San Diego hasta el municipio de Amalfi, dura alrededor de 3 horas y 30 minutos, si no son las 4 horas completas. 

Dormir fue una de las actividades favoritas por mis compañeros en medio del viaje. No obstante, una parada por un crocante pastel de pollo y los verdes y vivos paisajes que se esconden en medio de las altas montañas colombianas, no pasaron desapercibidos: nos topamos con pequeños nacimientos de agua que brotan de la base de una montaña rocosa y una refrescante cascada que cubre con un arcoíris la gruta en la que está expuesta la Virgen María en la que por obligación, debimos parar por las altas temperaturas del lugar. Conocerla de cerca, disfrutar de su agua, su sonido y su mágica vista, no hicieron más que dar un aire más a nuestro desespero por llegar a La Tierra del Tigre. 

Al llegar a Amalfi bajamos nuestras bicicletas de la micro van, nos pusimos la protección requerida y esperamos junto a la Iglesia central mientras daban la señal para arrancar. Y aunque el hambre era nuestra mayor enemiga en ese momento,  el almuerzo podía esperar, pero las pocas horas de luz que nos quedaban eran vitales para disfrutar el downhill.  


Como dicen por ahí, el que espera se desespera y por eso, poco antes de nuestra llegada, todo estaba coordinado con un camión que nos llevó desde la Iglesia del pueblo hacia la pista que nos esperaba: La Antena. Con un recorrido aproximado de 30 minutos, algunos subimos en la parte trasera del vehículo mientras otros, sin ninguna réplica, amarraron un par de sogas para subir arrastrados en sus bicicletas. 

Estar en La Antena es sentir la libertad de ser el más alto, poder observar con claridad todo el pueblo de Amalfi, sus caseríos más cercanos y en otras ocasiones, sentirse parte de las nubes. 

La brisa húmeda y potente refrescó los rostros de quienes se encontraban a pocos minutos de partir, un descenso a la altura del downhill ¡Agreste! La niebla densa descansaba sobre la pista volviéndola un poco más extrema, a mi parecer. 

La Antena es una pista bien construida, la línea por la cual bajamos raudos en las dos ruedas tiene grandes zanjas, puesto que por allí corre el agua cuando llueve. Es por eso que la destreza de los corredores se puede apreciar de principio a fin. 

Caminos de piedras que reducen su tamaño drásticamente en pocos segundos, curvas que parecen serpientes y grandes peraltes, proporcionan el apoyo necesario para que el descenso sea fluido y a una buena velocidad. Adicional, grandes repechos ponen a prueba el estado físico de los riders. No es por menos que esta pista es catalogada como una de las más exigentes y técnicas de Antioquia, pues no sólo es la destreza del corredor, sino también la resistencia del mismo en medio de las montañas de nuestro país. 

Pocos metros antes de finalizar esta pista, un magnifico transfer transportaba a los riders en el otro extremo de la carretera que finalizaba con un doble morro en forma de meseta.

Exhaustos por los repetidos descensos, hambrientos y con las bicis completamente llenas de fango, tomé, junto a mis compañeros de Sector 9 Medellín, un refrescante baño en una piscina natural que nos regaló el rio Riachón. Aprovechamos la tranquilidad del lugar para cocinar arepa con mantequilla y sal, acompañada de carne de res y butifarra, alimento que realizamos utilizando un fogón de campar. 

Se acercaba la noche y todo el grupo estaba listo para acampar, armar las carpas y montar la cena. Fueron momentos muy gratos puesto que todos reíamos de las historias que platicábamos. Freír carne y ajustar las bicicletas, convirtió esa fría noche uno momento que todo rider desearía vivir ¿Qué más podía pedirle a la vida, si tenía mis amigos, mi bicicleta, cerveza y comida?.

Una fogata en leña para combatir la humedad de la oscuridad y unas birras junto a esta hoguera,  dieron final a una experiencia mágica que gracias a mis compañeros de Sector 9 Medellín,  pudimos experimentar y disfrutar al máximo. 

Un saludo a mis compañeros que en medio de esta aventura extrema,  sufrieron algún tipo de percance o lesión ¡Mucho ánimo! porque espero verlos pronto en las pistas

Saludos.  

Rider : Felipe Castañeda.

Read more...

CAMINO A LA GLORIA (SAN JERÓNIMO – CABALLO MUERTO)

Por : Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

Caballo Muerto es una pista para practicar downhill que se encuentra ubicada al occidente de la ciudad de Medellín, aproximadamente a una hora y once minutos en carro, en el municipio de San Jerónimo.  

La leyenda nos cuenta que fue conocida, inicialmente, por un rider de la ciudad que iba para una finca en las montañas de San Jerónimo. Un día, en una travesía donde decidió ir a recorrer el monte junto a su caballo, encontró un sendero a la izquierda de la carretera y junto con su animal incursionaron por estos caminos. Fue en ese momento donde se  descubrió un lugar de la montaña en forma descendente para desembocar directamente al pueblo de San Jerónimo, por la zona no construida ni habitada del pueblo.  

Tal fue el asombro de este joven que decidió invitar un grupo de riders de Medellín, más específicamente practicantes de downhill, a conocer este trayecto.  

Luego de organizar una amplia logística, el grupo salió en busca de ese sitio que era descrito por quien lo conocía y lo hacía imaginar grandioso. 

Al estar en las montañas de San Jerónimo el joven no podía encontrar la entrada a los senderos y la rabia e impotencia fue la protagonista en el momento entre sus compañeros. Algunos inclusive,  optaron por irse a Medellín en sus bicicletas y desistir. 

Pasaron varias horas hasta que finalmente encontraron el camino. Al entrar en estos senderos, el grupo quedó fascinado con la línea perfecta que ofrecía el lugar en medio de la montaña y fue así como comenzaron un descenso que,  curvas más adelante,  tendrían que detener puesto que se encontraba la vía tapada por un caballo muerto.  

Personalmente esta pista es de mis favoritas, es muy rápida, podemos dejarnos llevar por nuestra bicicleta y dedicarnos a maniobrar sin necesidad de apretarnos demasiado. Sin embargo, debemos tener mucho cuidado ya que el terreno árido y agrietado en algunas zonas desprenden grandes cantidades de rocas que se dispersan por todo el sendero, y además generan zanjas y agujeros que por obvias razones debemos esquivar bordeando el canalón para evitar que nuestra llanta quede atrapada.

 Algo grandioso de este lugar es que cuando terminamos el recorrido que dura entre 4 y 10 minutos aproximadamente, nos damos cuenta que el punto de llegada  es en el parque central de San Jerónimo, allí es donde venden los mejores jugos naturales que alguna vez  probé en mi vida, son dos por el precio de uno, es alcanzar la gloria, además luego de estar frescos podemos tomar un vehículo y subir nuestras bicicletas para volver a ir a caballo muerto, trayecto que tomará entre 10 y 15 minutos. 

Un dato realmente importante es que Caballo Muerto se convirtió en una pista de conexión con pistas que se encuentran en la parte alta de la montaña, sus nombre son La Muñoz, antiguamente conocida como El Tigre y Largo Aliento.

Rider :  Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

Read more...

LOS OLORES DE LA MONTAÑA (BELMIRA – PAISA AVALANCHA)

Por : Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

Don Javier es un antiguo rider que debido a su edad ya solo puede dedicarse a transportar a otros aficionados de las dos ruedas a las pistas del país.
Su vehículo, una micro van equipada con parrillas superiores y traseras para el transporte de bicicletas, fue la encargada de llevar a 15 personas y 14 ciclas.

Son tres horas lo que se demora don Javier en llevarnos hasta Belmira. En esta oportunidad,  nos bajamos antes del punto de partida y nos dimos energía con unos buñuelos y malta con el fin de prepararnos para así iniciar la ubicación en el punto de salida y emprender un descenso de 21 kilómetros.

Desamarramos las bicis, hicimos las últimas revisiones a los engranajes y frenos, protecciones, hidratación… y ¡Que comience la aventura!

En Belmira hay una pista muy singular. El recorrido nace en la cima de la cordillera central del departamento de Antioquia que linda con el Rio Cauca, los cafetales y tomateras que se desprenden desde el departamento de Córdoba. Es así como nuestro recorrido está acompañado por un paisaje de café y tomates.

El páramo, ubicado entre los 2.400 y los 3.500 metros sobre el nivel del mar, tiene un área de 34.358,74 hectáreas. Por eso, los lugareños acuden por tradición y conveniencia a burros y caballos como animales de carga que sortean con habilidad las inclinaciones del terreno que dificultan el transporte del producto, pero que son ideales para los que bajamos raudos en bicicleta: en los caminos arrieros, con el paso del tiempo se formaron canalones perfectos para bajar en dos ruedas.

Curvas que deben ser tomadas a gran velocidad para evitar caer del peralte y 21 kilómetros de descenso que se hace en 2 horas, en promedio, convirtieron este lugar de producción agrícola en una perfecta pista de Downhill que cobró  el nombre de Paisa Avalancha.

Todos estábamos listos: los primeros se formaron en una especie de fila, uno detrás del otro; los últimos,  se encontraban en una línea horizontal, eso sí, todos esperando que alguien comenzara el descenso. Por fin el primero de la fila decidió dar el primer pedalazo y todos tomamos impulso. ¡Partimos!

El paisaje es de color verde muy vivo, repleto de montañas y árboles. Además encontramos gallinas y vacas que caminan por los potreros de la zona. El sol es tan brillante que debemos utilizar nuestras gafas para suavizar el impacto de los rayos. El cielo muy azul, sin ningún rastro de nubes, aumenta la tranquilidad del recorrido, por lo que  los días de verano como este resultan ideales para este deporte.

Se puede ver con claridad el río Cauca que bordea los cafetales, imponentes, rojos por la cantidad de frutos que tienen y que se confunden con el tomate que le da sombra y sabor. Además, se puede sentir el aroma de los cultivos mientras  se baja la pista.
Luego de 20 minutos de curvas, los frenos ya comienzan a emanar su olor a quemado, normal en estas situaciones,. Muchos de los que salieron en el último grupo se han quedado atrás y por eso decidimos esperar. Al cabo de 5 minutos el grupo se completa y antes de continuar la aventura debemos reparar un pinchazo de un compañero. Es norma que todos tengamos herramientas y protecciones, de lo contrario no se permite hacer el recorrido. Nos repartimos labores para agilizar el proceso: Julián se encargó de retirar el rin, la llanta y el neumático; Simón limpió el neumático y Daniel y yo alistamos la pega, el parche y la candela.

Inflamos el neumático pinchado para buscar así su agujero, luego de encontrarlo, lo limpiamos muy bien con un poco de agua y un trapo, después le aplicamos pega y de inmediato le damos fuego para que seque un poco, así ponemos el parche que finalmente quedó seco en cuestión de segundos.

Continuamos nuestra travesía. Entramos nuevamente en unos canalones con peraltes de aproximadamente dos metros de altura, uno puede sentirse bajando por un antiguo río que, con el paso del tiempo, se secó. Seis kilómetros más adelante, aproximadamente 15 minutos después, culminamos nuestro descenso y podemos mirar de frente el Páramo de Belmira. ¡Logro cumplido!

Luego subimos una leve montaña que nos tomó 15 minutos con las bicicletas en los hombros y volvimos a ver a Don Javier. Listos para retornar a Medellín.

 

Read more...

ADRENALINA EN EL PELÓN (CERRO DE LAS TRES CRUCES)

 

Por : Héctor Andrés Carrascal Ochoa

Es viernes y estos días me hacen sentir muy contento, no sólo porque es el final de la semana y culminamos las actividades universitarias, sino también porque mis amigos y yo tenemos todo listo para ascender El Cerro del Pelón, más conocido como Cerro de las Tres Cruces Medellín.

Este cerro está ubicado en el corregimiento de Altavista y limita al norte con el corregimiento de San Cristóbal y el área urbana de Medellín, al occidente con el corregimiento de San Antonio de Prado, al sur con el municipio de Itagüí y al oriente con la zona urbana de Medellín. En la parte más baja del cerro, la altura es de 1.600 metros sobre el nivel del mar y en lo más alto de 1.935 metros aproximadamente.

Estar en el Cerro de Las Tres Cruces es sentir la naturaleza pura; los pastos altos y por supuesto las diferentes especies de árboles que, según la administración del cerro, son pinos y arbustos conocidos como Cañafístula, Aguacatillo y Guayacán de Manizales, se convierten en la compañía perfecta al descender por el Pelón.

Sentados en medio del parque de Malibú, Julián, Daniel, Juan José, y yo esperamos pacientemente a Sebastián, un vecino del barrio que normalmente es quien presta la camioneta para transportar nuestras bicicletas con mayor facilidad. Cuando finalmente llegó, nos pitó para que nos acercáramos y corriéramos a montar las bicis rápidamente en la parte trasera y con esa misma rapidez,  subimos al vehículo para aprovechar las pocas horas de luz que ese viernes nos regalaba.

Tomamos una de las 4 rutas que la ciudad ofrece para subir Tres Cruces por el barrio Belén Rincón, ruta que nos toma normalmente unos 15 minutos en carro. Durante el transcurso del trayecto hacia la cima del cerro,  nos encontramos con animales poco comunes en Medellín; vimos llamas que son animales mamíferos domésticos, abundantes de los altiplanos del Perú, Bolivia y Argentina. Sinceramente, jamás pensé encontrarme una llama en Belén Altavista y sentirme en Perú.

Llegamos a la cima y lo que vemos es estupendo, 360 grados de la ciudad de Medellín, vista perfecta del aeropuerto Olaya Herrera y de los edificios del Poblado.  Ver arrancar aviones y buscar nuestras casas desde lo más alto y lejos, fue uno de los momentos más gratificantes de la visita. Un paisaje inigualable que vale la pena ir a verlo unas mil veces más (de mis favoritos).

En el cerro también es común ver algunas personas haciendo ejercicio como barras, pesas y lazos, aprovechando las improvisadas instalaciones deportivas creadas por la misma comunidad que el Cerro de las Tres cruces ofrece.

Estábamos junto a unas bancas de madera que están en medio de una pequeña caseta, la cual era atendida en esa oportunidad por un señor de anteojos y pelo blanco al que acompañaba su hija.  Allí podíamos encontrar jugos, proteínas, frutos, entre otros. Fue aquí donde decidimos tomar un jugo de naranja mientras disfrutábamos la ciudad para disponernos a bajar en bicicleta por el recorrido correspondiente, pues unas personas prefieren hacerlo en moto y otros caminando.

En línea recta comenzamos el descenso, Juan José quien conoce la pista mucho mejor que los demás, toma la cabecera y yo decido ir de segundo.

Gran inclinación, rápidas curvas, escaleras construidas para que las personas suban pero que hoy se convirtieron en obstáculos para el disfrute de los amantes a las dos ruedas (riders) y raíces de arboles que van apareciendo de un momento a otro, hacen que esta pista sea muy técnica y rápida y por supuesto, que la adrenalina y la euforia se puedan sentir en todo el cuerpo cuando descendemos en bicicleta.

Al terminar de bajar el sol se ha ocultado y nos acompaña la luna mientras llegábamos a un colegio de la ciudad llamado Padre Manyanet. Luego, en el mismo orden que empezamos el descenso, buscamos la salida para iniciar nuestro trayecto hacia el parque de Malibú finalizando nuestro viernes en dos ruedas.

Rider :  Felipe Castañeda.

 

Read more...

DESPERTANDO EN DOS RUEDAS (EL RETIRO – LA CARBONERA)

Por: Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

Una llamada a las 5:30 de la mañana del domingo funcionó como despertador para dar inicio a un viaje muy especial, se trataba de Felipe Castañeda, un amigo rider que me invitó a conocer un nuevo lugar, en este caso una pista de Downhill.

Partimos rumbo al municipio de El Retiro y conocimos la pista de La Carbonera.

El Retiro es un municipio de Colombia que se encuentra aproximadamente a 1 hora y 30 minutos desde la ciudad de Medellín. Limita por el norte con los municipios de Envigado y Rionegro, por el este con los municipios de Rionegro y La Ceja, por el sur con La Ceja y Montebello y por el oeste con los municipios de Santa Bárbara, Caldas y Envigado.

De nuestro transporte se encargaría Rosco, un compañero que disfruta de las bicicletas al igual que nosotros pero que tristemente, con los radios de la Specialized Status (su bicicleta), un par de días atrás se quebró un dedo. Sin embargo, mientras se recupera pasa su tiempo transportándonos hasta que pueda recobrar la movilidad en el pulgar de la mano derecha.

Fue entonces cuando a las 6:00 de la mañana, Rosco, Felipe y Ramón pasaron por mí para iniciar nuestra travesía. Crucé la puerta de entrada de mi casa y vi que se trataba de una micro van del año 96 aproximadamente que solo tenía dos compuertas laterales y una trasera, una parrilla de color negro en el techo y en su interior no más que las sillas del conductor y del acompañante. Así mismo, en la parte trasera una especie de volco  interior como si hubiesen removido toda la coginería, lugar en donde horas más tarde pondríamos nuestras bicicletas para volver a subir la cima de la montaña; pero en ese preciso momento,  funcionó como mi cama.

Tomamos la vía Las Palmas que nos tomó hora y media hasta el Parque de El Retiro y un poco más de tiempo para llegar, finalmente, a la pista La Carbonera.

Esta pista está ubicada en la Vereda El Pantanillo y una de las características principales es el fácil acceso a través de la autopista que conduce al interior de una finca. ¡Sí, dentro de la finca es donde se encuentra La Carbonera!

Gracias a su cómoda entrada podemos disfrutar de varios descensos cada vez que la visitamos y como es propiedad privada, el paso vehicular es restringido. Sin embargo, es en este punto donde nos preparamos para subir con nuestras bicicletas unos 5 minutos, hasta llegar a lo que normalmente se convierte en el paraíso. Una rápida e intensa pista adecuada para practicar Downhill.

Imaginen estar en la cima de una montaña, rodeados de pinos y árboles e iniciar un camino no muy amplio de barro café oscuro que nos transportó a una plataforma de madera que sirve de impulso para saltar el cerco de alambre de púas que separa el comienzo de la pista con el siguiente tramo y  por fin dar inicio a un magnifico descenso.

El color de la pista cambia a café más claro, lo que significa que la tierra se vuelve más suelta. Los pinos y árboles dejan ver todas sus raíces en medio del camino que nos obliga a mantener una buena técnica y agarrar muy fuerte el manubrio.

Una primera rampla de madera nos proporcionó el impulso suficiente para tomar las primeras curvas, bien pegados al peralte o a la pared,  como prefieran llamarlo, nos transportó a una segunda rampla del mismo material de la primera que cumple la función de lanzarnos de pared a pared lo cual genera mucha velocidad y nos lleva a un drop, es decir, a una especie de meseta fácil de saltar creadas para generar mayor velocidad  y poder pasar  por encima de un divertido doble morro que es construido a base de madera, tierra en costales y agua.

El descenso de esta pista se basa en curvas y adrenalina ya que la inclinación nos permite bajar a grandes velocidades.

En esta oportunidad me encontré con un grupo de riders que buscaban mejorar el tiempo que se había establecido como el más rápido en esta pista. -Algo importante que debes saber es que si quieres ser el más rápido en descender por La Carbonera debes bajar en menos de 2 minutos 15 segundos-.

Al finalizar la pista encontramos una pequeña quebrada conectada con un angosto camino en cemento y es aquí donde volvemos a ver a Rosco con la micro van.

Abrí las puertas laterales de la van y subí mi bicicleta en la parte trasera donde solían estar las sillas. Felipe y Ramón amarraron, con un par de lazos, el manubrio de sus bicicletas y luego lo ataron a una parte de la van, generando así un remolque para volver a subir a la cima y tirarnos por segunda vez.

Luego de 8 veces de repetir esta grandiosa pista, el hambre nos atacó,por lo que decidimos ir al pueblo donde almorzamos  carne de res y frijoles, culminando de esta forma una aventura en dos ruedas.

Rider : Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

Read more...