LOS OLORES DE LA MONTAÑA (BELMIRA – PAISA AVALANCHA)

Category: Experiencias Comments: One Comment Post Date: abril 20, 2017

Por : Héctor Andrés Carrascal Ochoa.

Don Javier es un antiguo rider que debido a su edad ya solo puede dedicarse a transportar a otros aficionados de las dos ruedas a las pistas del país.
Su vehículo, una micro van equipada con parrillas superiores y traseras para el transporte de bicicletas, fue la encargada de llevar a 15 personas y 14 ciclas.

Son tres horas lo que se demora don Javier en llevarnos hasta Belmira. En esta oportunidad,  nos bajamos antes del punto de partida y nos dimos energía con unos buñuelos y malta con el fin de prepararnos para así iniciar la ubicación en el punto de salida y emprender un descenso de 21 kilómetros.

Desamarramos las bicis, hicimos las últimas revisiones a los engranajes y frenos, protecciones, hidratación… y ¡Que comience la aventura!

En Belmira hay una pista muy singular. El recorrido nace en la cima de la cordillera central del departamento de Antioquia que linda con el Rio Cauca, los cafetales y tomateras que se desprenden desde el departamento de Córdoba. Es así como nuestro recorrido está acompañado por un paisaje de café y tomates.

El páramo, ubicado entre los 2.400 y los 3.500 metros sobre el nivel del mar, tiene un área de 34.358,74 hectáreas. Por eso, los lugareños acuden por tradición y conveniencia a burros y caballos como animales de carga que sortean con habilidad las inclinaciones del terreno que dificultan el transporte del producto, pero que son ideales para los que bajamos raudos en bicicleta: en los caminos arrieros, con el paso del tiempo se formaron canalones perfectos para bajar en dos ruedas.

Curvas que deben ser tomadas a gran velocidad para evitar caer del peralte y 21 kilómetros de descenso que se hace en 2 horas, en promedio, convirtieron este lugar de producción agrícola en una perfecta pista de Downhill que cobró  el nombre de Paisa Avalancha.

Todos estábamos listos: los primeros se formaron en una especie de fila, uno detrás del otro; los últimos,  se encontraban en una línea horizontal, eso sí, todos esperando que alguien comenzara el descenso. Por fin el primero de la fila decidió dar el primer pedalazo y todos tomamos impulso. ¡Partimos!

El paisaje es de color verde muy vivo, repleto de montañas y árboles. Además encontramos gallinas y vacas que caminan por los potreros de la zona. El sol es tan brillante que debemos utilizar nuestras gafas para suavizar el impacto de los rayos. El cielo muy azul, sin ningún rastro de nubes, aumenta la tranquilidad del recorrido, por lo que  los días de verano como este resultan ideales para este deporte.

Se puede ver con claridad el río Cauca que bordea los cafetales, imponentes, rojos por la cantidad de frutos que tienen y que se confunden con el tomate que le da sombra y sabor. Además, se puede sentir el aroma de los cultivos mientras  se baja la pista.
Luego de 20 minutos de curvas, los frenos ya comienzan a emanar su olor a quemado, normal en estas situaciones,. Muchos de los que salieron en el último grupo se han quedado atrás y por eso decidimos esperar. Al cabo de 5 minutos el grupo se completa y antes de continuar la aventura debemos reparar un pinchazo de un compañero. Es norma que todos tengamos herramientas y protecciones, de lo contrario no se permite hacer el recorrido. Nos repartimos labores para agilizar el proceso: Julián se encargó de retirar el rin, la llanta y el neumático; Simón limpió el neumático y Daniel y yo alistamos la pega, el parche y la candela.

Inflamos el neumático pinchado para buscar así su agujero, luego de encontrarlo, lo limpiamos muy bien con un poco de agua y un trapo, después le aplicamos pega y de inmediato le damos fuego para que seque un poco, así ponemos el parche que finalmente quedó seco en cuestión de segundos.

Continuamos nuestra travesía. Entramos nuevamente en unos canalones con peraltes de aproximadamente dos metros de altura, uno puede sentirse bajando por un antiguo río que, con el paso del tiempo, se secó. Seis kilómetros más adelante, aproximadamente 15 minutos después, culminamos nuestro descenso y podemos mirar de frente el Páramo de Belmira. ¡Logro cumplido!

Luego subimos una leve montaña que nos tomó 15 minutos con las bicicletas en los hombros y volvimos a ver a Don Javier. Listos para retornar a Medellín.

 

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    septiembre 20, 2016 at 3:42 pm

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